Los Ciclones, Huracanes, Tormentas tropicales y el “gallego” que los descubrió.
Este primer artículo quisiera dedicarlo a ese pueblo Gallego, el cual por los motivos que sean, siempre a calado hondo, allí donde sus habitantes han tocado tierra.
Con motivo de la tormenta tropical que ha afectado a Galicia quisiera aportar unas notas sobre un llamado “Gallego” que anduvo hace unos siglos por las Antillas.
Primeramente quisiera dar las gracias al amigo ONASIS, por dejarme participar en este blog.
Ese insigne “Gallego” es el Reverendo P.J. Benito Viñes y Martorell, seguro que ustedes amigos lectores saben que en Cuba, Gallego es sinónimo de español y es sin duda la nación más cercana a los cubanos. Las Leyes Viñes aun en la actualidad son de aplicación al 100% en meteorología.
Dado todos los estudios que realizo, si el editor del blog, me lo permite insertaré varios artículos, para saber a nivel de gente de la calle quien fue ese ilustre personaje, desconocido totalmente en nuestro país.

Este es el padre de la Ley Viñes, sobre Investigaciones Relativas a la Circulación y Traslación Ciclónica.
En la mañana del 19 de septiembre de 1837, una de las familias que residen en Poboleda, municipio de la provincia de Tarragona, tiene un motivo especial para que la alegría penetre en el hogar donde viven.
Acaba de llegar al mundo un pequeño que, aunque ellos lo ignoran, está llamado a suscribir con brillantes caracteres una página de especial trascendencia en la historia de la ciencia. El recién nacido será bautizado como Carles Benet Josep Viñes Martorell, nombres con los que sus padres han hecho honor a la memoria de los abuelos.
Después de sus primeros juegos que transcurrieron entre montañas y el olor del vino que su mayores elaboraban, va a vivir junto a su madre en Les Borjes del Camp. Después, ingresa como novicio en la Compañía de Jesús. Tiene por entonces 19 años. Su noviciado transcurre en Mallorca, pero en 1868 la Orden fue expulsada de España. Viñes y sus compañeros emigraron a Francia. Allí concluye sus estudios, se ordena como sacerdote y se le designa para dirigir el Observatorio del Real Colegio de Belén: una escuela religiosa situada en el viejo convento de la calle Compostela, entre Luz y Acosta, en La Habana.
El padre Viñes arriba a La Habana el 4 de marzo de 1870, e inmediatamente asume la misión de efectuar observaciones meteorológicas a horas fijas, tomar datos de los fenómenos atmosféricos acaecidos y realizar investigaciones sobre los huracanes. Por entonces no existía en Cuba un observatorio oficial. Su luminosa inteligencia le hizo interesarse y comprender las complejidades que caracterizan al tiempo atmosférico y el clima en la región del trópico insular. En particular, le atrajo el majestuoso poder de los ciclones tropicales.
Así comenzó a hacerse público el resultado de sus investigaciones tanto para la comunidad científica como para la población que escuchaba con atención los pronósticos del sacerdote meteorólogo. Muy pronto, el prestigio de Benet Viñes traspasó las fronteras de la Isla —entonces departamento español ultramar—, y de América incluso.
En atención al mérito de sus trabajos científicos, fue elegido en 1873 “socio de mérito” de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.
Allí presentó sus más importantes trabajos sobre Meteorología y Astronomía, todos realizados en Cuba. Ese mismo año trajo a la Isla y puso en funcionamiento el meteorógrafo de Secchi, un equipo para el registro continuo de datos meteorológicos, dispositivo de avanzada tecnología en su época y del cual sólo existieron pocos ejemplares en todo el mundo.
Su penetrante poder de observación y su tenacidad como investigador le permitieron elaborar el primer aviso de ciclón tropical reconocido en la historia de las ciencias. Ello ocurrió el 11 de septiembre de 1875, y es una primicia de la meteorología cubana, gloria compartida, por extensión, entre La Habana y Poboleda, Cuba y España.
Como resultado del paso sucesivo de tres huracanes por Cuba, entre 1875 y 1876, Viñes efectuó cuatro expediciones a las regiones azotadas por estos mismos meteoros en otras islas del Caribe, con el propósito de obtener más datos e informaciones, y comprobar sus teorías. Sus conclusiones, resultado de un complejo proceso de integración cognoscitiva y metodológica, constituyen el primer estudio científico sobre el impacto de desastres naturales en el área centroamericana y particularmente en las islas del Mar Caribe.
El cuerpo teórico de su primera gran obra se halla contenido en un texto titulado “Apuntes relativos a los huracanes de las Antillas de Septiembre y Octubre de 1875 y 1876”, de 256 páginas de extensión. El primer capítulo contiene un estudio de las trayectorias seguidas por los tres fenómenos, el segundo aborda la estructura y los patrones de circulación ciclónica, el tercero los fenómenos característicos en los ciclones tropicales, y el cuarto la física de este tipo de tormentas.
En 1882, el padre Viñes viajó a Europa con el propósito de adquirir un importante conjunto de instrumentos para realizar investigaciones geomagnéticas y astronómicas. Entre ellos se hallaba el mayor telescopio existente en la Isla: un refractor con objetivo de 152 mm, construido en el Reino Unido.
Con la cooperación financiera de varias empresas de navegación y de seguros, logró organizar (1886) una red de estaciones de observación en Cuba, Jamaica, Puerto Rico, Barbados y otros países. De esa manera recibía telegráficamente datos meteorológicos para elaborar sus pronósticos durante la temporada ciclónica.
Lo más sorprendente en su obra fue cómo a través de sus vastos conocimientos de la física de la atmósfera logró comprender la estructura vertical de los ciclones tropicales y su mecánica interna, deducciones que partieron de una cuidadosa observación de las nubes y de las direcciones del viento. Asimismo, Viñes estableció, estadísticamente, el comportamiento de las trayectorias medias de estos fenómenos en los meses de la temporada ciclónica en el Océano Atlántico (de junio a noviembre).
Estudios sobre ciclonología tropical efectuados posteriormente, han confirmado en gran medida la exactitud de las ideas de Benet Viñes, que fueron formuladas inicialmente hacia 1876 y perfeccionadas después en 1893. Los resultados de sus experiencias e indagaciones le condujeron a concebir el Ciclonoscopio de las Antillas, una especie de regla de cálculo de su propia invención, que se cuenta también entre los frutos de su genio.
Con su salud herida, laboró incansablemente en La Habana durante 23 años. Redactó 14 trabajos científicos. Entre 1870 y 1893 pronosticó el paso de 33 ciclones tropicales, más de uno por cada año que vivió en Cuba.
Un día antes de su muerte —acaecida el 23 de julio de 1893—, firmó el manuscrito de su último libro, “Investigaciones Relativas a la Circulación y Traslación Ciclónica”, donde expuso el resumen de todos sus conocimientos sobre el tema, y en particular su admirable método de pronóstico de los ciclones a partir de las observaciones nefológicas.
El doctor Arístides Mestre —uno de sus colegas en la Academia de Ciencias de La Habana—, en un discurso pronunciado como parte de la oración post mortem que aquella institución dedicó al padre Viñes, expresó lo siguiente:
Se abrieron pues, para nuestro insigne compañero las puertas de la eternidad, pero sus trabajos fecundos en aplicaciones prácticas y útiles nos quedan.
La Academia y el País le deben gratitud...
Seguramente que pocos de los lectores de este artículo, habían oído hablar de Benet Vinyes, fíjense si fueron importantes sus aportaciones a la ciencia que la Navy lo quiso “enrolar” en sus filas, pero esto lo dejaremos para otro día.....
Reguitzell,
28 de setiembre de 2006