En busca del germen de la racionalidad.


Evidentemente, la evolución de la humanidad dará un salto cualitativo cuando aprenda a utilizar las capacidades reales del cerebro. Los trabajos de autoconocimiento (con técnicas como biofeedback, yoga, visualización, meditación, etc.) se encaminan a proporcionar una concepción total de la realidad, con especiales conexiones neuronales, lo que les permite desarrollar ciertas potencialidades mentales. Lo cierto es que el cerebro sigue siendo una de las fronteras más indómitas de la ciencia. Para tipografiarlo y desentrañar sus misterios, los científicos han emprendido una búsqueda desde campos muy diferentes. En vanguardia debemos citar las investigaciones sobre la ciencia, ese soplo divino que nos convierte en seres racionales, que los filósofos llaman alma y que la ciencia está lejos de abordar. De pronto se ha despertado el interés de los neurofisiólogos, Alentados por Francis Cric, premio Nóbel y codescubridor de la estructura del ADN.

Crack forma parte de la facción materialista que opina que sólo el cerebro y el sistema nervioso nos otorgan la cualidad de tener conciencia de nosotros mismos. El impulso de Crick ha movilizado a los científicos, 300 de los cuales se reunieron en Arizona. Entre ellos se encontraba el premio Nóbel Gerald Edelman, quien asegura haber resuelto ya el enigma del pensamiento humano.

Para Edelman la conciencia emana de un proceso que denomina "darwinismo neuronal" según el cual grupos de neuronas compiten entre sì para crear la representación más efectiva del mundo.

Muchos científicos saben, sin embargo, que una teoría holística de la conciencia. tendría que englobar algo más que el cerebro. Para Antonio R. Damasio, de la Universidad de Iowa, hay que tener en cuenta el cuerpo entero. Es más, un modelo correcto debería abarcar al medio que rodea al individuo y a las personas. Que se interrelacionan con él. Roger Penrose, físico especialista en la teoría de la relatividad y ex colaborador de Stephen Hawking, asegura que nunca podrán explicarse las facultades creativas de la mente con palabras; lo único que puede ayudar a explicar la conciencia, según Penrose, es la mecánica cuántica.

¿Llega la psíquica cuántica?

¡Oh, sorpresa¡ Los científicos comienzan a aplicar las paradojas cuánticas a fenómenos psíquicos, porque recurren a un fascinante fenómeno que linda lo paranormal. Nos referimos a la "misteriosa acción a distancia", como la denominaba Einstein y que demostró George Bell con su famoso teorema: la capacidad que tiene una parte para afectar instantáneamente a otras partes del mismo sistema. Este fenómeno explicaría como se integran los millones de datos que debe procesar el cerebro para un sólo ramalazo de pensamiento.

La idea, rechazada por su incomodidad por los materialistas y considerada heterodoxa en el mundillo científico, es avalada por el físico y también premio Nóbel Brian Josephson. Por su parte, el anestesiólogo Stuart R. Hameroff, de la Universidad de Arizona, asegura haber localizado el lugar en que se producirán estos mágicos efectos cuánticos: unos microtúbulos de las neuronas, diminutos tubos proteicos que actúan como un esqueleto; una red dentro de la red neuronal. El psiquiatra británico Ian N. Marshall también considera que ciertos efectos cuánticos generan el pensamiento. En sus trabajos de laboratorio ha comprobado que la capacidad de los sujetos para ejecutar tareas mientras están conectados a un electroencefalógrafo (EEG) depende de que el aparato esté encendido o apagado. Como en el "principio de incertidumbre" de Heisenberg, el observador influye sobre lo observado, de manera que la acción de pensar está influida por algo ajeno a la propia persona sobre una hipótesis semejante, aunque más holística, trabaja desde hace años el neurofisiólogo mexicano Jacobo Grinberg, cuyos experimentos parecen de mostrar que existe una conexión entre cerebros sin que medie contacto físico alguno. Para Grinberg todos los cerebros humanos están interconectados y con su trabajo intenta demostrar que, igual que cada célula cerebral tiene acceso a toda la información del cerebro, cada cerebro humano actúa como una célula de un gigantesco cerebro, de una mente colectiva o aún más: como un centro de capacidad para decodificar las informaciones que recibe y para interactuar con la gran estructura cósmica. A partir de aquí la ciencia se hace filosofía y mística (AÑO/ CERO, 30).

Otro campo de estudio del cerebro es el estrictamente fisiológico, que trata de descubrir en qué regiones cerebrales se sitúan con mayor claridad los procesos mentales y sensitivos para ello se emplea tecnología de vanguardia - la resonancia magnética o TEP ( tomografía por emisión de positrones)- que ofrece imágenes admirables del cerebro en acción, gracias a ello, el investigador Ruben Gur, al frente del Laboratorio de Comportamiento Cerebral de la Universidad de Pennsylvania, descubrió las diferencias fisiológicas entre la actividad cerebral femenina y la masculina. Lo más sorprendente de su hallazgo es que hombres y mujeres utilizamos distintas zonas para expresar las emociones: ellos tienen más actividad en una zona más antigua del cerebro (las regiones límbico-temporales) y ellas en la zona nueva (la región límbico-singular), lo que equivale a decir que la mujer emplea la parte más evolucionada del cerebro para hacer frente a las emociones.

Este importante descubrimiento explicaría porqué los asesinos suelen ser hombres: porque se comportan con más agresividad e insensibilidad ante una emoción. Ellos actúan, ellas reaccionan de forma simbólica, es decir, hablan. Los hombres, a causa de la excitación del sistema límbico y su primitivismo craneal, se expresan mediante acciones violentas; las mujeres sin embargo, la demuestran con gestos, expresiones faciales y palabras.

Sexos contrarios, mentes distintas

Las diferencias entre ambos sexos se aprecian también en la organización de su cerebro y en las distintas formas de resolver problemas. Las experiencias de la psicóloga norteamericana Doreen Kimura, y otras que ella misma recoge en su magnifico articulo publicado por la revista Scientific American, parece demostrar que desde la más temprana edad las influencias hormonales son distintas en el niño que en la niña. Es decir, que existe una realidad química que diferencia un intelecto de otro. Así, las mujeres son más veloces en la percepción de objetos, por ejemplo, cuando se trata de identificar formas emparejadas; poseen mayor fluidez verbal, realizan mejor el cálculo aritmético, recuerdan mejor los detalles de una ruta y son más rápidas en las tareas manuales de precisión. Los hombres, por su parte, las superan en los problemas espaciales, son más ágiles y despiertos en las pruebas de razonamiento matemático, poseen un mejor sentido de la orientación y gozan de mejor punterías según la doctora Rally Saywitz, la mujer procesa el lenguaje en el cerebro de un modo más complejo que el hombre, porque éste utiliza fundamentalmente el hemisferio izquierdo(o una pequeña parte del mismo) para hablar, leer o escribir, mientras que la mujer emplea los dos hemisferios a la vez.


La química de los sentimientos

El fascinante campo de la neuroquímica también se encuentra en plena ebullición con el estudio del funcionamiento y comunicación de las células nerviosas o neuronas y su bioquímica. Las cien mil millones de neuronas "las misteriosas mariposas del alma "que diría nuestro premio Nóbel Santiago Ramón y Cabal dan lugar a cien billones de conexiones de circuitos, o sinapsis, mediante las cuales esas células cerebrales se trasmiten impulsos químicos y eléctricos, es decir, información.

La neurobiología ha demostrado que el cerebro responde ante órdenes desconocidas, estimulándonos en momentos depresivos o relajándonos en momentos de cansancio con sustancias internas capaces de provocar el gozo o de calmar el dolor. Son las endorfinas que, junto a otros compuestos químicos generados en el cerebro, circulan por el organismo para ayudarnos en distintas situaciones.

Dos sentimientos meticulosamente estudiados llaman siempre la atención de los científicos: el amor y el odio según el Doctor Michael Leibowitz, Director de la Clinica de Trastornos de la Ansiedad, el amor es una emoción muy compleja en la que intervienen varios tipos de moléculas productoras de los arrebatos sentimentales que lo caracterizan. Pero de entre todas destaca una que parece actuar como directora de los procesos amorosos: la feniletilamina, conocida como FEA (oPEA).

La química del amor divide el proceso en dos fases sucesivas: la fase de la atracción y la del afecto. La primera se caracteriza porque FEA organiza la secreción de ciertas sustancias (como dopaminas o norepinefrinas) destructora química parecida a las anfetaminas. Al igual que sucede con estas, la euforia del amor es espléndida, pero la bajada produce depresión y desasosiego. La segunda fase del afecto, llega con el paso del tiempo durante el cual funcionan otro tipo de sustancias neuroquímicas (las endorfinas y encefálicas) similares a la morfina. La química amorosa provoca que las parejas se unan y cada día en ambos se genera la ración de endorfinas necesarias para sentir seguridad y paz.

Los afectados no lo saben, pero cuando un día se acaba la ración de droga cerebral por la separación o muerte de uno de los amantes, llegan las depresiones, las angustias, e incluso la paranoia. Los síntomas no difieren mucho del mono del drogadicto.

La autopista neuronal

Al nacer ya contamos con todas las neuronas que tendremos de adultos, sin embrago el peso del cerebro del recién nacido es una cuarta parte del que alcanzará en la edad adulta el cerebro no crece porque aumente el numero de neuronas, sino porque éstas aumentan de tamaño y se incrementan el numero de axones y dendritas (las ramificaciones arborescentes que nacen de la neurona), así como el numero de conexiones que se establecen. Pero para este proceso de crecimiento tenga lugar hay que estimular el cerebro con información .Las investigaciones han demostrado que los bebes que durante el primer año de vida permanecían la mayor parte del tiempo en la cuna, presentaban un desarrollo lentísimo: algunos no empezaban a incorporarse hasta los 21 meses de edad y mas del85 % de ellos no andaban a los tres años. "Para que los niños alcancen un desarrollo normal - asegura la doctora Shatz- deben ser estimulados desde su nacimiento mediante el tacto, el habla y las imágenes".

Los adultos también precisan recibir información para seguir desarrollando su cerebro y sus conexiones neuronales. Un estudio de Humberto Scapagnini, de la Universidad italiana de Catania, ha demostrado que la sordera acelera el envejecimiento cerebral, ya que se pierde el estímulo auditivo que activa las neuronas. Algunos científicos aseguran que el oído es el órgano que despierta el cerebro, apoyados en el hecho de que un anciano sordo, si no corrige la deficiencia, pierde memoria, reflejos y capacidad intelectual mucho más de prisa que otro anciano que no tenga problemas auditivos.

El cerebro es un órgano tan perfecto que puede adaptarse y responder a todos los cambios que sufra su estructura. De hecho, el envejecimiento no es óbice para que deje de funcionar con normalidad, a pesar de que cada día mueren aproximadamente 50.000 neuronas y que, al llegar a la tercera edad, hemos perdido unos mil millones de ellas. Porque no olvidemos que lo que configura el entramado cerebral no son las neuronas en sí, sino las sinapsis; la red que se convierte en autopista de información. De momento seguirá siendo un misterio.



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