Kirk Kerkorian


A Kirk Kerkorian no le gusta perder. Fué siempre un ganador. Kirk era el más joven de los cuatro hermanos, el más activo y ambicioso. La familia, de procedencia armenia, vivía en Fresno, California. A la edad de nueve años Kirk se dedicó a la venta de diarios en su barrio. En la octava clase abandonó la escuela, fué caddie de golf, trabajó de portero y tambien fué boxeador. Campeon de la costa pacifico. En forma accidental, descubrió su pasión por volar en el desierto de Mojave.

Trabajó en un rancho ordeñando vacas y juntando estiercol para financiarse algunas horas de vuelo. Despúes fué reclutado por el ejercito. Durante la segunda guerra mundial realizó riesgosos vuelos y misiones para la Royal Air Force britanica en un bombardero sin armamento desde Labrador hasta Escocia. Una vez terminada la contienda bélica, Kirk Kerkorian llevó a cabo lo que hasta ese momento era solo un sueño: Con el dinero ganado y unos ahorros que disponía se decidió a darle vida a su propia firma. Creó una empresa de vuelos charters: Transinternational Airlines.

Fué el comienzo de una vida plagada de historias y éxitos rotundos que lo llevaron a ser actualmente uno de los hombres más ricos del mundo. Se dedicó a transportar estrellas de Hollywood, ejecutivos de multinacionales, dudosos hombres de negocios y jefes mafiosos al paraiso de Las Vegas. Su empresa debutó en el mercado bursátil de Wallstreet, acumuló millones, se dedicó a la especulación inmobiliaria y despúes de sanear exitosamente a la empresa y estudios cinematográficos MGM (en la cuál Kerkorian poseía una elevada participación) ganó fortunas.

En la lista de los hombres más ricos del planeta que el prestigioso magazín estadounidense Forbes publica anualemente, Kirk Kerkorian figura en el puesto 53 con una fortuna personal de unos 8.700 millones de dolares. Anteriormente estaba mejor situado en dicha lista. El motivo para tal retroceso tiene nombre propio: General Motors. Kirk Kerkorian invirtió unos 1.600 millones de dolares en la firma productora de automoviles.

Como se sabe, la empresa tiene grandes problemas y deudas. Kerkorian apostó a una recuperación de los negocios. No fué asi. La cotización de General Motors se desplomó y el armenio perdió un tercio de su inversión. Si bien ello es una cuestión pasajera (la cotización de General Motors comienza a recuperarse) el mal timing arañó la fama de Kerkorian como especulador infalible.

Por el dinero no se hace problemas. Su fortuna se encuentra estrategica y convenientemente invertida. Kerkorian tiene 89 años y por el futuro tampoco se preocupa demasiado. Despúes de muerto, su hija (del segundo matrimonio con la ex bailarina Jean Maree Hardy) recibirá la mayor parte de su fortuna. Si bien su prestigio y talento quedó algo empañado debido a la falta de buen timing con General Motors, como rival no se lo debe subestimar.

La iniciativa de su empresa Tracinda (es el holding de inversiones de Kerkorian y se compone de los nombres de sus hijas, Tracy y Linda) con respecto a una alianza global entre General Motors, Renault y Nissan, llevan la marca del armenio y reflejan que es un jugador que sabe apostar fuerte: La cotización de General Motors se recuperó de los 20 hasta los 30 dolares en solo tres meses.

Tales ases en la manga le reportan no pocos billetes a Kerkorian: Solo al conocerce la novedad de que la firma francesa Renault estaba dispuesta a una posible alianza con General Motors, la fortuna de Kerkorian se incrementó (en solo una hora) en unos 150 millones de dolares.

A Kirk Kerkorian no le gusta perder. Fué siempre un ganador. Cuando durante el 2001 su tercera esposa, Lisa Bonder, ex jugadora de tenis de 48 años, le quiso endilgar una paternidad que no era suya, se negó rotundamente, y por todos los medios, a aceptarlo. Inclusive dando a conocer públicamente que no era fecundo.

Tambien se reveló con todas sus fuerzas al perder el proceso en primera instancia contra la firma teutona Daimler, productora de los poderosos Mercedez Benz Y aún asi no se dá por vencido: Pide una indemnización porque considera que dicha empresa engañó a sus accionistas al fusionarse con la empresa estadounidense Chrysler. Kerkorian argumenta (a partir de dicha fusión la cotización de DaimlerChrysler se desplomó) que no se trató de una fusión entre iguales sinó que se trató de una compra. Y Kirk Kerkorian, como accionista de la firma, no aprobó tal deal. Con un nuevo proceso ante los estrados judiciales, Kerkorian espera un jugoso resarcimiento económico.

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