Un día en la vida de un Broker.
"¡Vamos, Nueva York! ¡Venga! ¡Tú puedes!".No, no se trata de una carrera de caballos. Quien jalea no está enun hipódromo, trabaja en una sociedad de Valores y Bolsa, en Safeipara ser exactos, y sus gritos, junto a los de otros compañeros desala, no se dirigen hacia un jockey a lomos de la yegua Dow, sino que tratande ayudar en su escalada al índice estadounidense Dow Jones.
El trabajo de Antonio Peña y el de sus colegas consiste en ganardinero, no para él, sino para otros. Bancos, aseguradoras, empresasy pequeños ahorradores, como usted, que ponen diariamente en susmanos cientos de millones de pesetas para que los juegue en Bolsa.
Ese dinero que usted ha ido guardando peseta a peseta y año trasaño está en las manos de alguien como Peña, quien puedeinspirarle o no confianza, pero, para que le sirva de consuelo, es un profesionaly tiene la obligación de hacer bien su trabajo si quiere, como usted,conservar su empleo. Eso sí, puede que un día un error enla compra de unas acciones de Telepizza (de 22.100 pesetas a 23.000 pesetas)le haga perder 600.000 pesetas en una operación, tal y como sucedióel pasado mes de diciembre. Tal vez usted ni se entere del fallo: la sociedadasumirá la pérdida y el operador permanecerá durantevarios minutos mirando fijamente la pantalla, intentando asimilar lo queacaba de suceder y preguntándose: "¿Por qué meha tenido que pasar a mí?".
En Su Dinero hemos querido conocer de cerca la pasión con la quese vive la vorágine de una sesión bursátil tan movidacomo la del pasado miércoles. Para ello, nos convertimos en la sombradel broker Antonio Peña durante su jornada laboral. Durante sietehoras permanece pegado a su ordenador, operando en Bolsa.
Para usted, Peña es un broker, pero él nos hace la primerasalvedad de esta maraña de términos anglosajones. "Yosoy un trader, porque puedo comprar y vender valores. Los brokers sólopuede anotar el precio al que quieren comprar o vender los clientes, peronunca pueden ejecutarla".
7.30 h. Tocan retreta. Todas la mañanas a la misma hora(las 7.30 h.) suena el despertador, haya salido a tomar unas copas con losamigos el día anterior o no. Antonio Peña, economista de 28años, salta de la cama y enciende la radio. La cadena que escuchaes Intereconomía. Lo primero, antes casi de ser capaz de abrir losojos, es tomar el pulso al mercado: saber cómo ha cerrado Japóny qué previsiones hay para ese día.
Del armario extrae su atuendo de broker: pantalones y americana grises,corbata, mocasines negros con borlas, camisa blanca de Yves Saint-Laurenty calcetines ejecutivos.
8.15 h. Al trabajo. Mientras acude a su puestode trabajo no se siente un amo del universo, ni piensa que está enla cima del mundo. Ni física, ni personalmente se asemeja a ShermanMcCoy, el arrogante y agresivo broker neoyorquino de Pierce & Pierce,protagonista de la novela de Tom Wolfe La hoguera de las vanidades. Antonio,ajeno a todos los estereotipos que Hollywood ha vertido sobre estos profesionales,esboza la primera sonrisa del día escuchando en la radio de su cochea Gomaespuma.
Su oficina no está en pleno corazón de Wall Street, sinocerca de la madrileña calle de Pablo Iglesias. Su mesa, lo másfuncional posible, está repleta de aparatos: tres ordenadores, unacentralita telefónica, una grabadora, una calculadora, un bolígrafoy un bloc de notas. A esto se le une un refresco, un paquete de pañuelosde papel y unos caramelos mentolados. Antonio lleva unos días sinfumar.
8.30 h. La reunión. Lo primero esdesprenderse de la chaqueta para estar lo más cómodo posible.Tras mirar los periódicos, comienza la reunión matutina. Losanalistas de la sociedad informan a todas sus delegaciones (vía telefónica)y a los operadores de renta variable de los datos macroeconómicosque se darán a conocer a lo largo del día. Luego se analizalos aspectos microeconómicos, como la venta de Esther Koplowitz del49% de su participación en FCC. Después, se dan a conocerlas previsiones de la sesión.
Tras tomar un café de una de las máquinas de la oficina,todos se sientan en sus mesas. El teléfono empieza a sonar. El interlocutor,al otro lado de la línea, le pregunta qué piensa si vendeunas acciones del BBV y BCH.
Antonio, como consejero, le dice: "Me esperaría a dejarlarespirar (por la Bolsa). Está muy empapelada (por la cantidad detítulos puestos a la venta), todo por la falta de liquidez".
10.00 h. Abre la Bolsa. Comienza un murmulloen la sala. La pantalla se llena de color negro, el color que señalaa los valores sujetos a operaciones en ese momento.
En un ángulo del monitor, los valores del Ibex-35, en otro, elprograma on-line con la Bolsa para comprar o vender. En otro ordenador,una pantalla repleta de gráficos (charts, una técnica bursátilpara fijar tendencias y previsiones), con la evolución del Ibex-35,del bono alemán, del índice Standard & Poor's...
"Cinco mil del Santander. Están puestas", afirma Antoniomientras se coloca las gafas nerviosamente y teclea con celeridad la ordenen el ordenador.
"¡Vamos pa' bajo!", chilla al observar el gráficodel bono alemán.
Ante mi cara de sorpresa por esta manifestación de alegríame explica: "Si baja la rentabilidad del bono alemán a 10 años,deja de ser interesante como refugio. Esto hace que el dinero vuelva a lasbolsas y nos permite seguir jugando a corto plazo". Las llamadas nodejan de sonar, las tiene a pares.
11.30 h. Cunde el pánico. "¡Aymadre mía! (la curva de la Bolsa madrileña es imparable haciaabajo). Estábamos ganando un 1% y en menos de cinco minutos estamosperdiendo un 1,24%. El Standard & Poor's (indicador de cómo puedeabrir Wall Street) ha comenzado a caer, mientras que el bono alemánvuelve a recuperar posiciones", indica mientras se toca repetidamentela patilla derecha de sus gafas.
Junto a las llamadas telefónicas que recibe de sus clientes, ensu mayoría, otras delegaciones de la agencia e inversores institucionales,un compañero, Alex, le dice: "Compra teléfonos, populares...".
Al cabo de unos minutos, Alex le vuelve a chillar desde su asiento: "Deshaztodas las ventas y compra teléfonos a 260".
Antonio, mientras atiende una llamada, teclea la orden: introduce elnúmero de títulos: 5.000; el nombre del valor: TEF, por Telefónica;el tipo de orden: V, de venta; y el valor al que se quiere vender cada acción:5.260. Después, pone la clave del cliente: CVF, y pulsa envío."¡Está hecho!", informa.
Alex mira la pantalla de su ordenador y ve que, con el númeroen clave de la sociedad, se han vendido 5.000 telefónicas, en lugarde comprarlas. "¡No, no, no!", chilla Alex, "quecompres 5.000 teléfonos a 260 y que deshagas las otras ventas".
El rostro de Antonio enrojece, la sangre le corre a 1.000 por las venas.Los dedos vuelan y cierra la operación. Ha tenido mala suerte, laacción está un poco más cara, a ¿5.280 o 5.290?(La rapidez de sus movimientos no deja ver con claridad el precio del título).
"Macho, ¿qué te ha pasado?", le interrogaAlex, mientras le golpea el hombro con claras intenciones tranquilizadorasy de apoyo.
"Nada responde Antonio, que he vendido en lugarde haber comprado". Durante unos segundos permanece inmóvilmirando la pantalla sin pestañear.
El error, con un coste de unas 100.000, pesetas tendrá que asumirlola agencia. Un mandato dado en el ordenador no tiene marcha atrásposible.
Tras este pequeño pánico, Antonio reacciona, afloja elnudo de su corbata, y comienza a operar normalmente. Eso sí, tieneque recuperar el dinero perdido. Un par de operaciones de trading y asuntosolucionado. El trading consiste en realizar compras y ventas a corto plazocon el dinero de la empresa.
Para combatir el stress, nada como un buen trago de Gatorade de limón.
14.15 h. ¡A comer! El mercado se tranquiliza.Como cada día, llega el servicio de catering. Hoy toca ternera conjudías verdes. La bandeja invade la mesa, y Antonio engulle la comidadelante del ordenador. "Hay días en los que si se tiene unpoco de suerte se puede llegar a degustar el menú", asegura.
Con un ojo puesto en la bandeja y otro en los monitores, va tomando cadabocado. La Bolsa empieza a caer. Aparta la bandeja: la comida ha terminado,comienza un nuevo susto en los endiablados zigzagues de la Bolsa. "Greenspanha hecho unas declaraciones en las que afirma que habrá un enfriamientode la economía el próximo año. A ello se le une elrumor de que los japoneses están vendiendo deuda estadounidense paraadquirir deuda nipona".
15.30 h. Abre Wall Street. El inicio es ala baja. "No importa, la Bolsa española ya lo ha descontado".
Veinte minutos más tarde, el índice Dow Jones comienzasu escalada alcista. "¡Venga, vamos, vamos, rebasa la línea!".Antonio se refiere a la raya verde que hay trazada en el gráficode su ordenador y que forma parte de la gráfica chartista.
Nuevas órdenes de compra: bebeuves, becehaches, tabacaleras...Todo son nombres, cifras, tecleos y afirmaciones de ¡está hecho!o ¡está puesto! La primera es cuando la operación estácerrada y la segunda indica que se ha colocado la orden en el mercado, peroque está en la lista de espera, bien porque no hay un suficientenúmero de acciones a ese precio, bien porque el precio fijado esalgo más alto de lo ofertado.
16.55 h. El cierre. Cinco minutos antes delcierre de la Bolsa todas las operaciones están hechas. Sóloqueda apuntar las adjudicadas a cada cliente, hacer cuentas y comprobarcómo ha concluido la jornada y recibir llamadas telefónicaspara reconfirmar las operaciones y los precios de compra y venta.
"El Ibex ha caído un 2,14%. Afortunadamente, todas las operacionesde trading las he cuadrado. Creo que hoy lo único que me apetecees irme a casa a escuchar música y descansar".
Autora: Paloma Bravo.